El sector agroalimentario y sus escenarios energéticos

El sector agroalimentario es uno de los rubros que no ha dejado de experimentar un constante crecimiento, y lo mejor de todo es que cada día va tomando más relevancia, la actualidad se ha convertido en uno de los principales sectores exportadores luego el mercado automotor, el petróleo y de la minería del cobre. Sin embargo, este es un sector que cuenta con procesos productivos que resultan sumamente intensivos en lo referente a la generación de emisiones de CO2, lo que es una suerte de paradoja lo que enfrenta debido a que este sector es el más perjudicados a consecuencia del cambio climático, que surge como el producto de estas mismas emisiones. 

Si se hace referencia al nivel productivo, este enfrenta un doble desafío con la finalidad de mantener su competitividad: lo primero es cumplir con los estándares de sustentabilidad exigidos por los mercados de destino, y al mismo tiempo bajando sus costos de producción. De esta manera es posible que el sector agrícola pueda afrontar tales desafíos por medio de una gestión y el empleo eficiente de la energía que se usa en sus procesos de producción, a través de lo cual le permitiría reducir sus costos y minimizar las emisiones de gases de efecto invernadero que hasta ahora ha venido generando y que no solo se produce al contratar electricidad y usarla de la manera menos adecuada. 

 Pero más allá de toda esta estrategia visionaria, la industria agroalimentaria también enfrenta diversas barreras que la limitan hacia la integración conjuntamente con la eficiencia energética (EE) que se deben generar en sus procesos. Este es un sector al que pertenecen cerca del 80% de las empresas que corresponden a la micro o pequeña empresa, en la que, la inversión en eficiencia energética se ha visto restringida por la carencia de un verdadero apoyo financiero para lograr la inversión que puede lograrse a través de créditos blandos para la implementación de las medidas por ejemplo, pero también por incentivos que van más allá de la reducción de los costos de producción de las empresas. 

Estos Incentivos se alcanzan a nivel legislativo al plasmar en desgravaciones para las empresas, pero también por medio de incentivos participativos a nivel de organización, en donde los colaboradores de las empresas se verán beneficiados gracias a los ahorros económicos que se logran con las medidas implementadas, lo cual los motiva a establecer un entorno de cultura de eficiencia energética. Conjuntamente con ello, se hace necesario considerar que un número importante de empresas del sector mantiene un comportamiento estacional en el que los procesos productivos suelen concentrarse durante unos pocos meses del año, llevando a las empresas a que tengan un enfoque puesto en la producción, dejando a un lado el análisis de proyectos de EE como actividad que no cuenta con gran prioridad. 

Lo anterior se encuentra de la mano con la inexistencia del requerimiento clave en cuanto a la implementación de medidas de EE, es decir, la medición de consumos energéticos a nivel de procesos. En pocas palabras, existen muy pocas empresas que miden y disponen de datos lo suficientemente concretos o indicadores energéticos que puedan facilitar la evaluación certera de proyectos de EE.

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